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Estar bien hidratado ayuda a regular la temperatura, a que el riñón trabaje sin esfuerzo, a mantener la concentración y a rendir mejor cuando te mueves. No adelgaza ni limpia toxinas por arte de magia: simplemente permite que el cuerpo funcione como debe.

El agua es más de la mitad del peso de un adulto y casi todo lo que pasa dentro del cuerpo ocurre en ella. Perdemos agua todo el día al respirar, sudar y orinar, y hay que reponerla cada día porque el cuerpo apenas la almacena.
Cuando hace calor o haces ejercicio, sudas para enfriarte. Ese sudor es agua que sale. Si no la repones, el cuerpo se calienta antes y te cansas más.
El riñón filtra la sangre y elimina desechos con la orina. Con agua suficiente, la orina sale más diluida y se reduce el riesgo de cálculos en quien tiende a formarlos.
El agua, junto con la fibra, ayuda a que el tránsito intestinal sea regular. Beber poco es una causa frecuente de estreñimiento.
Una deshidratación leve ya puede notarse en forma de dolor de cabeza, cansancio o falta de concentración. Es de lo primero que mejora cuando bebes.
Durante el ejercicio se pierde agua y sales por el sudor. Cuando la pérdida es grande, baja el rendimiento, sube la frecuencia cardiaca y aparece antes la fatiga. Beber antes, durante y después del entrenamiento evita llegar a ese punto.
Lo contamos con detalle, incluido cuándo hace falta algo más que agua, en la guía de hidratación deportiva.

La Mist de 600 ml mantiene el agua fría 24 horas, que es justo lo que hace que apetezca beber a media tarde.
En niños pequeños y personas mayores la deshidratación avanza más rápido y se nota menos, así que conviene ofrecerles agua aunque no la pidan.
Los niños tienen más agua en proporción a su peso y se mueven mucho, pero a menudo se olvidan de beber mientras juegan. Que tengan su propia botella en el colegio y en las actividades es la forma más sencilla de que beban a lo largo del día. Lo vemos en qué llevar al colegio.
En la oficina, con aire acondicionado o calefacción, se pierde agua sin sudar y sin notarlo. Muchas veces el cansancio de media tarde tiene más que ver con no haber bebido que con el trabajo.
Con la edad la sensación de sed disminuye y algunas medicaciones aumentan la pérdida de agua. Conviene ofrecer agua a horas fijas, también en invierno, y estar atentos a señales como confusión o somnolencia.
Alrededor del agua circulan muchas promesas. Algunas tienen base y otras no.
No quema grasa. Lo que sí hace es sustituir bebidas azucaradas, y eso ayuda. También es cierto que un vaso antes de comer puede dar algo de saciedad.
Si estás deshidratado, la piel lo nota. Pero beber más allá de lo que necesitas no la rejuvenece.
Quien depura es el riñón y el hígado. El agua les permite trabajar, pero tomar bastante agua al día por encima de tu necesidad no limpia más.
Los refrescos, zumos envasados y bebidas energéticas también hidratan, pero traen azúcar o edulcorantes, y algunas cafeína. El agua hidrata sin calorías y es lo que mejor sienta como bebida de diario.
Si el problema es que el agua te aburre, prueba a añadirle rodajas de limón, pepino o unas hojas de menta, o a llevarla siempre fría. Tienes más ideas en trucos para beber más agua.
No hace falta llegar a cantidades enormes. Para la mayoría de adultos basta con 1,5 a 2 litros de bebida repartidos durante el día, más si hace calor o entrenas. Lo explicamos con tablas en cuánta agua beber al día.
Es una buena forma de empezar a hidratarte tras la noche, pero no tiene efectos especiales frente a beberla en otro momento.
El dolor de cabeza o el cansancio por falta de agua suelen mejorar en poco tiempo tras beber. Mantenerlo depende de beber a diario.
No. El agua no tiene calorías, la bebas cuando la bebas.
Ayuda a regular la temperatura, a que el riñón funcione con holgura, a mantener la concentración y a rendir mejor al hacer ejercicio.