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Una botella de acero inoxidable puede ir a la nevera sin problema. Al congelador, llena de agua, no: el agua aumenta de volumen al convertirse en hielo y puede abombar la botella, forzar el tapón o, en una térmica, estropear el vacío que la aísla. Hay formas mejores de tener el agua fría.

Sí. La nevera trabaja por encima de cero grados, el agua no se congela y la botella no sufre. Es una buena forma de tener la botella ya fría por la mañana.
Si es una botella térmica, ten en cuenta una cosa: el aislamiento funciona en los dos sentidos. Una térmica llena de agua del grifo dentro de la nevera tardará mucho en enfriarse, porque la doble pared frena también el frío de fuera. Es mejor enfriar el agua en una jarra y después pasarla a la térmica.
El agua es de los pocos líquidos que ocupan más espacio en estado sólido. Al congelarse aumenta su volumen en torno a un 9 %. Dentro de una botella cerrada, ese hielo empuja contra las paredes y el tapón.
La pared interior puede deformarse y la presión puede afectar a la soldadura que mantiene el vacío. Si el vacío se pierde, la botella deja de ser térmica para siempre. Además, el frío del congelador apenas atraviesa la doble pared, así que el agua tarda muchísimo en congelarse.
El acero es resistente, pero el hielo puede abombar el fondo o las paredes y dejar la botella cojeando. El tapón y su junta también sufren.
Tampoco. El aluminio es más blando que el acero y se deforma con más facilidad. Además, los cambios bruscos no le sientan bien al barniz interior.

La Mist 600 ml mantiene el agua fría 24 horas con cubitos, sin pasar por el congelador.
Si notas cualquiera de estas cosas, la botella sigue sirviendo para llevar agua, pero ya no aislará igual.
La idea es enfriar el agua, no la botella. Algunas opciones:
Una botella de acero de doble pared, llenada con agua fría y algo de hielo, mantiene el frío durante horas. Las Mist y Wave aguantan 24 horas. Más trucos en cómo mantener el agua fría.
Ya que estamos con los electrodomésticos: ninguna botella metálica debe ir al microondas, porque el metal no deja pasar las microondas y puede provocar chispas. Tampoco al fuego o a la vitrocerámica, y menos una térmica, cuya doble pared no está pensada para el calor directo.
En cuanto al lavavajillas, recomendamos lavar la botella a mano con agua tibia y jabón para cuidar el acabado exterior y las juntas del tapón. Te dejamos el método completo en cómo limpiar una botella de acero inoxidable.
Dejar espacio para que el hielo se expanda reduce el riesgo, pero no lo elimina: el hielo se forma de forma irregular y puede presionar igual el fondo. En una térmica, además, sigue sin tener sentido, porque el aislamiento retrasa la congelación. Lo más sencillo es no usar el congelador con ninguna botella metálica.
Si quieres entender por qué el aislamiento funciona así, lo explicamos en cómo funciona una botella térmica.
Vacía no hay hielo que empuje, pero tampoco sirve de nada: el aislamiento impide que se enfríe por dentro. Mejor enfriarla con agua helada.
Porque el agua aumenta de volumen al congelarse y empuja contra las paredes y el tapón.
Sí, en la nevera no hay problema. Lávala y cambia el agua a diario.