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Para el Camino de Santiago lleva lo mínimo: una mochila de 30 a 40 litros que no pese más del 10 % de tu peso, calzado ya usado, dos o tres mudas de ropa técnica, un botiquín básico, protección para el sol y la lluvia, y una botella de agua que puedas rellenar en las fuentes. Todo lo demás pesa y se acaba dejando en un albergue.

Cada gramo que metes en la mochila lo cargas durante días. La referencia más repetida entre peregrinos es que la mochila llena no pase del 10 % de tu peso: unos 6 kg si pesas 60, unos 8 kg si pesas 80.
Pesa la mochila antes de salir, con el agua incluida. Si te pasas, quita ropa: es lo que más sobra.
Mochila de 30 a 40 litros con cinturón lumbar, funda de lluvia, saco sábana o saco ligero según la época, y una toalla de microfibra.
Zapatillas de trekking o botas ligeras ya usadas, nunca nuevas. Unas sandalias o chanclas para el albergue y para dar descanso a los pies al final de la etapa.
Dos o tres camisetas técnicas, dos pantalones (uno corto y uno largo, o desmontable), tres pares de calcetines sin costuras, ropa interior que seque rápido, un forro polar o chaqueta ligera y un chubasquero. Gorra o sombrero.
Neceser pequeño con lo básico, protector solar, tiritas para ampollas, aguja e hilo o apósitos para ampollas, crema antirozaduras, analgésico, tus medicamentos habituales y tapones para los oídos.
DNI, tarjeta sanitaria, credencial del peregrino, algo de efectivo y el móvil con cargador.

La Mist de 750 ml aguanta la etapa con el agua fría 24 horas, aunque la mochila vaya al sol de la Meseta.
En el Camino Francés y en buena parte de los demás hay fuentes y bares a lo largo de las etapas, pero entre algunos pueblos pueden pasar varias horas sin un punto de agua, y en verano el calor aprieta en tramos como la Meseta.
Lleva una botella de 600 a 750 ml y rellénala en cada pueblo, o dos si caminas en verano o en etapas largas. Fíjate en los carteles de las fuentes: algunas indican que el agua no está tratada.
Una botella térmica tiene aquí una ventaja clara: el agua sigue fresca a mediodía aunque la mochila vaya al sol. Una de aluminio pesa menos, si lo que más te importa es el peso. Tienes más en cuánta agua beber al día, con un apartado para la montaña.
Menos ropa de abrigo y más protección solar: gorra, crema y más agua. Sal temprano para evitar las horas de más calor.
Es cuando más cambia el tiempo en un mismo día. Un buen chubasquero, una capa intermedia de abrigo y calcetines de repuesto secos.
Hay menos albergues abiertos y las etapas se hacen con menos luz. Saco de dormir de más abrigo, guantes, gorro, frontal y ropa térmica.
Si alguien de tu entorno va a hacer el Camino, estas ideas se usan de verdad durante la ruta:
Haz alguna caminata larga con la mochila cargada y el calzado que vas a usar. Así sabrás si algo roza, si sobra peso o si te falta algo.
Si vas en avión hasta el punto de inicio, recuerda llevar la botella vacía por el control. Te lo contamos en líquidos en el avión.
Como referencia, no más del 10 % de tu peso corporal, agua incluida.
Sí, en muchos pueblos, pero no en todos los tramos. Rellena siempre que puedas y fíjate si el agua está indicada como no tratada.
El que ya hayas usado y no te haga rozaduras. Zapatillas de trekking o botas ligeras, nunca estrenadas en la primera etapa.